martes, 19 de enero de 2016

Esto se dijo....


“Señores: las ventanas están cerradas y nadie está escuchando detrás de la puerta. ¡Muy bien! Voy a hablarles un poco sobre la defensa”. General Charles Lanrezac


Con estas palabras comenzaba una de sus clases el General de Brigada Charles Louis Marie Lanrezac en la Escuela Superior de Guerra de la República Francesa. El contexto en que fueron vertidas explica la ironía que encierran. Se vivía en la etapa del “culto de la ofensiva” que se había apoderado del pensamiento de gran parte de la oficialidad francesa, y plasmado reglamentariamente en octubre de 1913: “Las enseñanzas del pasado han dado sus frutos: el ejército francés, volviendo a sus tradiciones, no admite en la conducción de las operaciones otra ley que la de la ofensiva” (Informe de la Comisión Redactora del Reglamento para el Servicio del Ejército en Campaña. Conducción de Grandes Unidades, del 28 de octubre de 1913.) Lanrezac, si bien participaba de los méritos de la ofensiva (como no podía ser de otra forma) , no admitía la ofensiva “sistemática y preconcebida”, sino que hacía mérito de la maniobra aun cuando la misma, en tanto se condujera prudente y razonablemente, pudiera consistir en una retirada. 


Hacia fines de agosto de 1914, Lanrezac, al mando del Quinto Ejército francés, ante el avance alemán en Bélgica decidió un repliegue que culminó en la batalla de Guisa, con resultados favorables en lo inmediato y que se proyectaron hacia la gran victoria en el Marne. De todos modos, el 3 de septiembre, Jofre relevó del mando a Lanrezac, reprochándole su permanente crítica a las órdenes impartidas y su recurrencia a “iniciativas defensivas”. A partir de entonces, sólo se le confiaron servicios de inspección. Y en agosto de 1917 dejó el servicio activo. 

Sólo en 1924 Lanrezac fue reivindicado, recibiendo la Gran Cruz de la Legión de Honor, precisamente en el décimo aniversario de la batalla de Guisa. Al condecorarlo  el Mariscal Pétain dijo: "Los eminentes servicios que usted ha prestado a la patria no han sido olvidados. La maniobra en retirada que habéis comandado permanecerá como un ejemplo... Todos tenemos la impresión de que, al llevarla a cabo, habéis evitado que vuestras tropas quedaran completamente rodeadas y al mismo tiempo, habéis salvado a vuestro ejército y a Francia". El general Lanrezac murió en 1925, en su tumba se leía: "A quien, en agosto de 1914, salvó a Francia". Hoy, y desde 1933, sus restos reposan en Los Inválidos.   

Como todo culto, el de la ofensiva tuvo su dogma: “la ofensive à outrance” (ofensiva a todo trance, a ultranza, “a muerte”…); su profeta, el coronel Grandmaison, inspirándose en Foch. Y sus mártires: durante los cinco meses de guerra en 1914, el ejército francés tuvo alrededor de 400.000 muertos en combate o a resultas del mismo.

© Rubén A. Barreiro 2015/2016

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